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Trump, un “remedio” peor que las enfermedades del imperio

 

¿A qué se debe la pifia de las encuestas del martes 8? Podrían haber influido dos factores, amén de que se trataba de una elección reñida. Uno, que votantes de Trump actuaban en forma vergonzante y no decían la verdad a las encuestas, por la pésima prensa que el candidato se había ganado con cada declaración agraviante de las mujeres, inmigrantes, musulmanes, homosexuales, etc.

El otro factor es la cuota de subjetivismo de esos medios de comunicación. La mayoría de los éstos veían con simpatía un triunfo de Hillary Clinton, como parte del establishment político del que los medios son parte. Su corazoncito demócrata pudo haber influenciado parcialmente en aquellos sondeos porque las cosas suelen ser vistas según el cristal de quien las mire.

Según la revista Forbes la fortuna de Trump era de 3.000 millones de dólares, que el magnate refutó en las primarias diciendo que lo correcto eran 10.000 millones. Según su aclaración, Forbes no medía bien los dividendos de su marca en el mundo, con inversiones en muchos países donde se levantan sus torres, caso de Punta del Este. También podría ser que tuviera empresas no declaradas o en guaridas fiscales, como ocurrió con gobernantes de Islandia y Argentina. Trump alcanzó los 279 votos del Consejo Electoral y asumirá el 20 de enero como el presidente n° 45.

Clinton no ganó ni aprovechando una oportunidad muy propicia, en cierto sentido. Tenía todo el aparato demócrata atrás suyo, incluyendo a la administración Obama. La corporación mediática también la respaldaba. Su contrincante era muy limitado en lo político y provocaba desmanes con cada declaración o Twitter -al punto que su equipo le impuso que no lo usara sin el visado de asesores-. Todo eso dañaba las chances republicanas, con ecos afuera del país.

La fantasía demócrata era completar la hazaña comenzada en 2008 con el triunfo de Obama, cuando hizo debutar un afroamericano en el Salón Oval; ahora entraría allí una mujer. Eso, puede suponerse, habría agradado mucho a una gran cantidad de mujeres, pero tampoco hay que ser un genio para advertir que el machismo de una parte de la sociedad norteamericana, quiso impedirlo a toda costa.

Mauricio Macri y Susana Malcorra estaban convencidos que ganaba la demócrata y era la mejor opción para Argentina. Con su lógica economicista rastrera neoliberal, veían que con la continuidad de la línea de Obama habría más inversiones estadounidenses y más ingreso de productos primarios en el mercado del norte. El presidente y la canciller tuvieron que salir a tuitear de apuro sus felicitaciones al ganador y desear que se mantengan los acuerdos suscriptos y otros en negociación con la actual administración. Quedaron en orsai.

 

UN COSTADO REAL

Que Trump supone una gran desgracia para el pueblo norteamericano y los pueblos del mundo no puede dejar muchas dudas. Él y Hillary son dos rostros del bipartidismo imperial.

Dentro y fuera de EE UU el resultado supone un espaldarazo a políticas de derecha y ultraderecha, de limitación de los derechos civiles y avances elementales en cuestiones como el aborto, cambio climático y matrimonio igualitario, exacerbación de la xenofobia, sobre todo contra los mexicanos y musulmanes (estos, “el último orejón del tarro” para el magnate y sobre lo cual los medios mucho no hablan) y la mujer, tocable y violable.

Muchos obreros blancos y familias de clase media baja, que empezaron a perder el empleo y las viviendas, sin acceso a los seguros de salud por el limitado “Obamacare”, en medio de la crisis de 2008 con la caída del Lehman Brothers, etc. votaron por Trumpl como forma de patear el tablero del establishment dirigido desde Washington.

Ya se había advertido aquí que “ese punto económico agitado por el republicano es la única chance real que podría explotar para que hoy le sonrían las urnas. Trump se ha convertido en el vocero de las clases medias y bajas sin estudios universitarios, y que siendo obreros blancos trabajaban en fábricas de Michigan y otros estados donde se cerraron establecimientos para mandar sus inversiones a México o China. Así creció un resentimiento del mundo laboral con sus multinacionales errantes y con el gobierno demócrata a nivel nacional”.

Ignacio Ramonet, en “Las 7 propuestas de Donald Trump que los grandes medios censuraron… y que explican su victoria”, remarca ese voto bronca, por llamarlo de una manera argentina. Puntualizó que en cinco años se cerraron más de 60.000 fábricas y se perdieron casi cinco millones de empleos, sobre todo en los estados del “rust belt”, el “cinturón del óxido”, del noreste. Y mencionó propuestas republicanas que mejorarían el empleo, gravarían a la banca de inversión y recortarían beneficios a las multinacionales con radicaciones en los socios de los tratados de libre comercio.

Tratándose de un empresario con millonarias inversiones en otros países y al que su rival en un debate presidencial enrostró no haber pagado nunca los impuestos federales, aquellas promesas de campaña pueden ser parecidas al “salariazo y la revolución productiva”, película que los argentinos vieron en 1989.

Eso explicaría el voto por Trump de trabajadores y capas del pueblo. Ellos están indignados por una economía que entró en crisis hace 8 años y que el gobierno federal pudo solventar en parte subsidiando a los bancos y multinacionales, olvidándose de esas zonas desfavorecidas. Sin concesión a la demagogia, ese sector del electorado debe saber que eligió un “remedio” que va a resultar más dañino que la enfermedad.

De las crisis capitalistas se puede salir por izquierda o por derecha. Con Trump, el imperio dobla más a la derecha, igual o peor que con Reagan y los dos Bush. Un desperdicio y genuflexión que 500 políticos y empresarios argentinos hayan viajado a presenciar esa cara y mala representación de democracia.

 

EMILIO MARIN – FUENTE: LA ARENA

 

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