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Breve historia del Partido de la Liberación

 

El PL fue fundado el 5 de abril de 1965 con el nombre de Vanguardia Comunista. Con esa denominación existió hasta enero de 1976, cuando en su II Congreso Nacional realizado clandestinamente en las sierras de Córdoba (el I había sido de la misma manera en 1971 en Mar del Plata) pasó a llamarse Partido Comunista (marxista-leninista). Desde el III Congreso, realizado públicamente en 1983 en Córdoba, adoptó hasta nuestros días el nombre de Partido de la Liberación (PL), bajo el impacto de la lucha nacional y latinoamericana, y la breve recuperación de las Islas Malvinas.

Así realizó su IV Congreso Nacional públicamente en enero de 1987 en Buenos Aires, el V Congreso en abril de 1990, clandestinamente, en inmediaciones de City Bell; el VI Congreso en 1992 en las sierras de Córdoba, el VII Congreso en 1995, el VIII en 1998, el IX en 2002, el X en 2005, el XI en 2008, el XII en 2011 y el último, el XIII, en diciembre de 2015 nuevamente en Córdoba, en todos estos últimos casos en forma pública y en sus propios locales partidarios.

La ideología del Partido de la Liberación es el marxismo-leninismo, al que intenta aplicar creadoramente a la lucha revolucionaria argentina y teniendo en cuenta las peculiaridades de su pueblo trabajador, su historia, su cultura y la relación con la Patria Grande Latinoamericana. Al mismo tiempo reconoce los grandes aportes que hicieron, además de Carlos Marx y Vladimir Ilich Uliánov (Lenin), los destacados revolucionarios Federico Engels, José Stalin, Mao Tsé tung, Ho Chi minh, Kim Il Sung, Ernesto Che Guevara, Fidel Castro y otros.

Acorde al pensamiento leninista, el PL sostiene que vivimos la época del imperialismo y la revolución proletaria, entendiendo a ésta última como la unidad de la lucha obrera en los países capitalistas e imperialistas, y el combate de los trabajadores y del movimiento de liberación nacional en los países dependientes y del Tercer Mundo.

La asunción del fascista Donald Trump en Estados Unidos abre una nueva fase dentro de la etapa mencionada, del imperialismo y la revolución proletaria y la alianza de los pueblos oprimidos.

El programa del PL plantea llevar hasta el final una revolución antimonopolista, antiimperialista, democrático-popular y agraria, camino al socialismo. Aunque no descarta a las elecciones como un camino posible de transformación (como demuestran los gobiernos de Venezuela, Bolivia y Ecuador), considera que la vía de la misma no puede ser otra que la revolucionaria. Sobre todo la protagonizada por la clase obrera, los empleados, los sectores empobrecidos de la pequeña burguesía urbana, la intelectualidad avanzada, el campesinado pobre y los pueblos originarios, capas de las Pymes y de la burguesía nacional.

La revolución tendrá sobre todo visos insurreccionales urbanos en un país capitalista dependiente como la Argentina, donde el 80 por ciento o más de la población vive en las ciudades y éstas concentran la mayor cuota de combatividad en la lucha de clases en el siglo XX y XXI, aunque por supuesto también jugarán su papel las masas explotadas del campo. En tiempos de derrota en las ciudades, el campo y el monte argentino pueden ser tácticamente importantes para la resistencia popular.

La política y táctica del PL insisten desde 1987 en que los oprimidos, sobre todo los trabajadores, protagonicen la rebelión popular y abran una situación revolucionaria, como sucedió en 1969 y en 2001, que habilite posteriormente la lucha por el poder político.

Pese a los tremendos golpes represivos recibidos en la época de la dictadura militar-cívica, y en general la persecución política que sufrió durante los gobiernos “constitucionales” de la gran burguesía de Raúl Alfonsín, Carlos Menem y Fernando de la Rúa, el PL se mantuvo de pie y se ha desarrollado. Sus principales centros de trabajo están en Capital Federal, provincia de Buenos Aires, Córdoba y Salta, acentuando su inserción en la clase obrera, la juventud, los frentes barriales y el movimiento de derechos humanos.

Su concepción es la de ser “un partido de militantes y cuadros políticos integrales”, con un modelo leninista de organización con células y comités, con vigencia del centralismo democrático. No pretende ser un “partido de masas” aunque sí se preocupa por mejorar su relación con el pueblo trabajador. De allí que además de su estructura orgánica partidaria, impulsa formas más amplias de organización con compañeros independientes en cada frente de trabajo. Estas son las Agrupaciones de Base Clasista (ABC) en lo sindical, la TUPAC en el frente estudiantil, la Comisión de Homenaje a los Desaparecidos en los derechos humanos, el grupo solidario Mil por Cuba para apoyar a Cuba y países del ALBA, etc.

Su periódico mensual es LIBERACION y su revista teórica es CUADERNOS REVOLUCIONARIOS.  Cuenta con su web www.partidoliberacion.org y con facebook de sus regionales y zonales.

Su historia y otros temas importantes de la militancia revolucionaria en el país merecieron dos libros, editados por el PL e impresos comercialmente por Ediciones Nuevos Tiempos. Uno es “Vidas y luchas de VC”, de Américo Soto (2004) y el otro es “Generación del ’70” Vidas y luchas de VC II parte, del Colectivo Emilio Jáuregui (2010).

Su primer secretario general fue Elías Semán, entre 1965 y 1968.

El segundo secretario general fue Roberto Cristina, entre 1968 y 1978. Estos dos camaradas fueron desaparecidos por la dictadura militar-cívica en agosto de 1978, en el centro clandestino de exterminio “El Vesubio”, ubicado en partido de La Matanza, Buenos Aires.

El tercer secretario general fue Mario Hugo Geller, entre 1978 y 1990, cuando abandonó el Partido al frente de una fracción aventurerista; la misma había sido derrotada en el V Congreso Nacional.

El cuarto secretario general es Sergio Ortiz, electo en ese V Congreso y reelecto en los ocho Congresos posteriores por lo que ejerce la secretaría general actualmente. En el VI y VII Congresos se derrotó y depuró a fracciones liquidacionistas y oportunistas de derecha. De ese modo el PL consiguió un nivel importante de unidad interna, no exenta de debates y contradicciones.

El Partido enfrentó al gobierno proimperialista de Carlos Menem, que combinó la corrupta democracia burguesa del hambre, el desempleo y la entrega del país, con la represión policial y la “seguridad”. Asimismo, el PL se ubicó como un partido de oposición revolucionaria al gobierno oligárquico y proimperialista de Fernando de la Rúa, llamando al Pueblo a la Rebelión y el Argentinazo. A nuestra consigna de “Por un Argentinazo!” la fuimos propagandizando desde 1993, luego del Santiagazo. Y se concretó por medio de la movilización popular el 19 y 20 de diciembre de 2001, cuando se echó a De la Rúa, aunque antes de irse su gobierno con Estado de Sitio y represión policial asesinó a 39 argentinos.

En 2003 el PL fue al principio oposición a Néstor Kirchner, que había llegado al gobierno de la mano de Eduardo Duhalde y el PJ. Luego, en el año 2007 el PL formó parte de Proyecto Sur, impulsando la candidatura de Fernando “Pino” Solanas. Aquella experiencia frentista se vio frustrada al calor del conflicto con las patronales agropecuarias que resistieron la Resolución 125 sobre retenciones móviles a las exportaciones de soja y otros granos. En ese conflicto Solanas y Claudio Lozano apoyaron a sojeros y terratenientes unidos en la Mesa de Enlace Rural, mientras que nuestro Partido consideraba, más allá de los límites, como buena la Resolución. Eso fue un parteaguas en la izquierda, porque el trotskismo (MST e IS), el PCR y grupos menores como el Prml fueron a unirse con la Sociedad Rural y a festejar el triunfo de la oligarquía contra la resolución 125 y el gobierno.

A propósito del trotskismo, el PL desde sus orígenes en 1965 tiene tomada una posición clara: considera a esta corriente como contrarrevolucionaria por su teoría y práctica, en el mundo y Argentina. El último ejemplo de ello fueron sus ataques de “burócrata” y “restaurador del capitalismo” al gran Fidel Castro, incluso ya muerto, y a Cuba socialista.

A partir de las buenas medidas tomadas en derechos humanos con los juicios a los genocidas y más aún en 2009 con la Ley de Medios n° 26.522 y 2010 con la recuperación de los Fondos Previsionales para la Anses, el PL tomó una postura de apoyo crítico al gobierno de Cristina Fernández, a quien votó en 2011. Se reconocían esas cosas positivas, más la AUH, la batalla contra el monopolio Clarín, la integración latinoamericana en Unasur y Celac, etc. y se criticaban también las negativas, como la radicación de Monsanto, la ley antiterrorista, el Programa X de Gendarmería, el apoyo a la burocracia de la CGT y la no incorporación de Argentina al ALBA. El PL no perdió de vista en ningún momento el carácter gran burgués democrático que tenía aquel gobierno, por lo que nunca integró el FpV ni “Unidos y Organizados”. El kirchnerismo puso en un lugar secundario la movilización popular y así le fue.

En las elecciones presidenciales de 2015 el PL votó en blanco en primera vuelta y en forma crítica por Scioli en la segunda, contra Macri, consciente de que no eran lo mismo. Desde diciembre de 2015 trabaja con la línea de que hay que constituir un Frente Popular Antiimperialista, que derrote cuanto antes al gobierno neoliberal y proimperialista de Macri y sus CEOs, y encare las transformaciones revolucionarias necesarias para el Pueblo argentino tales como la estatización de la banca y el comercio exterior, la reforma agraria antiterrateniente, el no pago de la deuda externa, una reforma impositiva integral y progresiva, la confiscación de monopolios energéticos y siderúrgicos, etc.

Su consigna política es: “Si el ajuste, el desempleo, la entrega y la represión son ley, entonces la Rebelión Popular es Justicia”. Propicia un frente antiimperialista combativo para unir a las fuerzas consecuentes, apuntando a echar a Macri con la movilización popular. Y también practica una política de Frente Unico para auspiciar la unidad en la acción con todas las fuerzas opositoras, incluso las burguesas, para aislar a Macri y golpearlo con más fuerza hasta su derrota. En ningún momento se disciplina a esas fuerzas burguesas, como Sergio Massa, José M. De la Sota, Margarita Stolbizer y otros que han sido opositores a las conquistas de los años kirchneristas y que comen de la mano de la embajada norteamericana y la Unión Industrial y que por eso mismo han ayudado a Macri a aprobar leyes antiobreras y antipopulares.

Es la hora de la rebelión popular. Es la hora del Frente Antiimperialista. Es la hora del partido marxista-leninista. Es la hora de la unidad de los pueblos.

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