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El pueblo venezolano vencerá

Desde el 1 de abril Venezuela se encuentra sacudida por una ola de manifestaciones violentas organizadas por los sectores más conservadores. Y el objetivo, según sus propios mentores, es el derrocamiento del presidente Nicolás Maduro elegido democráticamente en 2013. Antes del estallido de dichas manifestaciones, esos golpistas habían desarrollado una guerra económica basada fundamentalmente en el desabastecimiento de los productos de primera necesidad. Una manera para golpear y sacudir la base social del actual gobierno. Y en plena caída espectacular del precio del petróleo en el mercado mundial, es evidente que las maniobras del gobierno son cada vez más limitadas.

Al mismo tiempo, es imprescindible resaltar el juego sucio de los grandes medios de prensa a nivel mundial apoyando a los golpistas a través de mentiras y propagandas reaccionarias tendientes a intoxicar a la opinión pública en contra de Maduro. En este esquema golpista también desempeña un rol nefasto el Secretario General de la OEA, el uruguayo Luis Almagro. Inclusive, su permanente agresividad hacia el gobierno de Venezuela, proponiendo, entre otras barbaridades, la aplicación de la Carta Democrática de dicha organización para propiciar la caída del mismo y una eventual intervención armada internacional en Venezuela, y convocando sin consulta previa a reunión de ministros de relaciones exteriores del continente, ha determinado la correcta decisión del gobierno de abandonar dicha organización.

Así, se plantea una situación de profunda crisis, donde el imperialismo norteamericano, el enemigo principal del pueblo venezolano y su dirigencia, constituye un factor fundamental en este proceso de disturbios permanentes con 66 muertos llevado a cabo por la oposición venezolana. El pueblo venezolano está enfrentando –quizás desde el golpe en contra del presidente Chávez en 2002- a la mayor escalada de la guerra que el imperialismo norteamericano y la oligarquía venezolana han desatado en su contra desde 1998.

Ahora, ante una situación marcada por una permanente campaña mediática que pretende instalar que existe en todo el país un caos generalizado, un gobierno que no respeta los DD.HH., que reprime y asesina a manifestantes supuestamente pacíficos, pero sin decir nada acerca de las múltiples y numerosas movilizaciones a favor del gobierno, el presidente no ha permanecido inactivo. No podría ser de otro modo, pues el accionar subversivo y fascista de manifestantes con máscaras de gas, armados, asesinado a chavistas y transeúntes, quemando vehículos y edificios públicos y sembrando el terror por doquier, manejados por los principales dirigentes opositores, merecía una respuesta política contundente.

Así Maduro llamó a una Nueva Constituyente que no solamente supere las limitaciones e insuficiencias de la actual Constitución, sino también la actual crisis, reforzando las conquistas populares, implementando mayor equidad y justicia social, consolidando el antiimperialismo y el llamado Socialismo del siglo XXI proclamado por el comandante Chávez. La mitad de los asambleístas será elegida por los sectores populares y la otra mitad por elecciones municipales, dando un golpe que ojalá sea mortal a la golpista Asamblea Nacional.

En este marco, se trata de una iniciativa que merece no sólo el apoyo del pueblo venezolano, sino también el de todos los luchadores del continente y del mundo. Pues nadie que defiende realmente la paz y lucha por un mundo sin explotación, puede quedar indiferente ante lo que se está desarrollando en Venezuela. Es el momento para hacer realidad la consigna: ¡Arriba los que luchan!  Y esa solidaridad es más urgente desde Argentina, teniendo en cuenta que el gobierno de Macri es de los más firmes apoyos del golpismo en Caracas.

                                                                                                   HENRY BOISROLIN

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