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Venezuela: el proceso bolivariano se mantiene

El escenario político y social en Venezuela sigue siendo desde hace más de 3 meses de enfrentamientos casi sin tregua alguna. Es que la oposición al proceso bolivariano está convencida que esta vez el presidente Nicolás Maduro no podrá aguantar y superar la presión de la calle. Una presión que pretende instalar de manera permanente el caos y la sensación de un gobierno incapaz de gobernar.

De ahí, los asesinatos de chavistas tanto en las calles como en sus propios domicilios, los atentados terroristas a hospitales, a algunas instituciones del Estado, al transporte público, a distintos centros de abastecimiento de alimentos, a varias dependencias policiales y hasta bases militares. De hecho, dichas acciones han provocado más de 90 muertes, y varias de ellas pertenecen al campo chavista.

Los últimos acontecimientos ya superaron los que se desarrollaron durante 40 días en 2014 y que terminaron con la vida de 43 personas. En este contexto, queda cada vez más claro que las movilizaciones de esta oposición no pueden ser consideradas como pacíficas y a favor de la democracia tal como lo afirman sus representantes y los grandes medios tanto nacionales como internacionales. Hasta han robado un helicóptero para atacar con fusiles y granadas el Ministerio del Interior y la sede del Poder Judicial. Eso es terrorismo liso y llano.

Su único objetivo es el derrocamiento por todos los medios a Maduro. Inclusive, están preparando el escenario para provocar una intervención militar del imperialismo norteamericano vía el Comando Sur y sus bases militares en la región, sobre todo Colombia.

Y es en medio de esta situación de crisis aguda y de violencia generalizada, que el gobierno llama siempre al diálogo y, desde el 1 de mayo pasado, a elecciones para la creación de una Asamblea Nacional Constituyente como salida no violenta para evitar la desintegración social y cuya elección de sus miembros será el 30 de julio próximo. Frente a eso la derecha anunció su boicot y llamó a una “consulta popular” anticonstituyente e ilegal para el 16 de julio.

Mientras tanto, el 8 de julio pasado el mundo quedó sorprendido con la decisión de la Sala Penal del Tribunal Supremo de Justicia de otorgar a Leopoldo López el arresto domiciliario, el dirigente abiertamente más violento de la oposición agrupada en la denominada Mesa de Unidad Democrática (MUD). López fue detenido durante las violentas manifestaciones de 2014, juzgado y condenado a más 13 años, 9 meses y 7 días de cárcel. Quizás, se trata de una decisión que apunta a descomprimir la presión de la calle, a demostrar buena voluntad y búsqueda de la paz para evitar una guerra civil, o a introducir más contradicciones en el seno de la MUD.

El presidente Maduro sigue tomando varias iniciativas. Por ejemplo, decreta aumentos salariales, mantiene con cierta creatividad los programas de asistencia social a los más humildes a pesar del derrumbe del precio del barril de petróleo en el mercado mundial. Y esto, sin olvidar y menospreciar los ataques permanentes del gobierno estadounidense, de los presidentes reaccionarios de la región tales como el argentino Mauricio Macri y el colombiano Juan Manuel Santos, de Luis Almagro, el Secretario General de la OEA, funcionario que utiliza su puesto para maniobrar en todo sentido para que se le aplique a Venezuela la llamada Carta Democrática Interamericana. Y a pesar también de algunas deserciones y traiciones en el campo de los chavistas, en varias movilizaciones queda claro que el presidente Maduro sigue gozando hasta ahora de un significativo apoyo popular, como así también del de las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas y la Guardia Nacional de Venezuela. Efectivamente, todo indica que Maduro se mantiene firme. Y su derrocamiento no parece tan fácil como lo suponían sus detractores venezolanos e internacionales. Lo que será aún más difícil de lograr, si la izquierda revolucionaria y todos los progresistas de nuestra región y del mundo no escatimen esfuerzos para solidarizarse de manera concreta con el proceso bolivariano y demás países integrantes del ALBA.

HENRY BOISROLIN

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