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Corea del Norte tuvo la iniciativa pacifista con el Sur y EE UU

Kim Jong-Un es el máximo dirigente del Partido de los Trabajadores de la República Popular Democrática de Corea y del gobierno desde 2012. Desde entonces hasta aquí los medios de comunicación que operan en sintonía con los poderes imperiales se han referido a él como a un vulgar dictador, un loco de la guerra, un peligro para la paz mundial, un militarista extremo y un asesino.

Ahora ese poder internacional del dinero y las armas, Wall Street, la Casa Blanca y el Pentágono, están en un serio aprieto político, igual que aquellos medios de comunicación. Es que el líder norcoreano los ha desubicado con varias jugadas políticas de excelso nivel: los valores positivos de apertura a una negociación pacífica de la crisis de la península coreana quedaron claramente en sus manos.

Todavía es muy temprano para saber si ese proceso de negociación podrá llegar a feliz término, con un acuerdo entre las dos Coreas y una obligación de Estados Unidos de respetar lo allí pactado, lo que debería culminar con el retiro de los 35.000 marines estacionados en la República de Corea, la devolución de sus bases militares y sacar sus manos de una Corea reunificada.

Quien tuvo la iniciativa diplomática fue el joven presidente comunista norcoreano, contra todos los pronósticos de la CNN, Fox, The New York Times y el Washington Post, más sus repetidores seriales de Argentina (Clarín, La Nación, Infobae, etc.).

El 2017, como los anteriores, fue muy malo para la perspectiva de la paz. En el Sur gobernaba Park Geun-hye, asumida en 2013, una firme aliada de EE UU en las provocaciones y sanciones contra Corea del Norte, con los ejercicios Foal Eagle, aéreos y navales, con la vista puesta en la agresión al Norte. Park firmó en julio de 2016 con Barack Obama los acuerdos para establecer el Sistema de Defensa Antimisiles de Gran Altitud (THAAD). El mismo, puesto en marcha con Trump, supone garantizarse cierta impunidad operativa en caso de decidirse a agredir a Pyongyang, pero también desbalancear el equilibrio en la región, poniendo más vulnerables a China y Rusia.

En esos tiempos a Corea del Norte no le quedó más remedio que probar sus misiles y avanzar en su programa atómico con fines defensivos. Se sentía en peligro y la sensación fue mucho más ominosa con el magnate neonazi, quien amenazó con la guerra atómica a la RPDK, insultó a su presidente y dijo que él tenía el botón nuclear más poderoso.

En marzo de 2017 el máximo tribunal de justicia surcoreana destituyó a la presidenta Park, bajo cargos de corrupción y cobro de coimas a empresas. En mayo hubo elecciones y ganó un liberal, de centro, Moon Jae-In.

 

MEJOR 2018

Ese cambio presidencial ayudó a que el Norte hiciera propuestas de negociación, teniendo otro interlocutor en Seúl. Kim dispuso que una delegación participara de los Juegos Olímpicos en Pyeongchang, Corea del Sur. Fue una delegación de 500 norcoreanos, entre deportistas, técnicos, políticos, funcionarios y gente de seguridad.

Como el ping-pong de tiempos de Mao y Nixon, y los peloteros cubanos y norteamericanos de Raúl Castro y Obama, el deporte tuvo buen uso político. A la inauguración de los Juegos asistió Kim Yong Nam, presidente del Parlamento norcoreano, y la hermana menor del presidente, Kim Yo jong, saludados muy amistosamente por Moon Jae-In. El vice yanqui Mike Pence esquivó el saludo. Parecen cosas menores, pero no lo son entre dos países separados por una guerra con intervención norteamericana (1950-1953) y donde murieron 3 millones de coreanos.

Para la clausura de los Juegos, otra delegación del Norte fue al sur, presidida por Kim Yong Chol, vicepresidente del Comité Central del Partido de los Trabajadores de Corea. Hubo reuniones con el jefe de la Oficina de Seguridad surcoreana, Chung Eui Yong a quien transmitieron una invitación para que los del sur fueran a Pyongyang. El convite fue aceptado. Chung y otros funcionarios fueron allá recibidos por el presidente. El presidente surcoreano no se atrevió y mandó esos delegados.

En esa reunión se acordó que los mandatarios del Norte y del Sur se verían en abril, en una cumbre, como continuidad de las de 2000 y 2007, en la aldea fronteriza de Panmunjeom. Por iniciativa del comunista y con el visto bueno del surcoreano, decidieron tramitar una reunión entre Kim y la bestia de Trump.

Esa bomba noticiosa estalló el 8 de marzo en Washington, adonde viajó el surcoreano Chung. Tras reunirse en el Departamento de Estado dio a conocer que el norcoreano estaba dispuesto a reunirse en mayo con Trump para discutir sobre la desnuclearización de la península y las garantías para la RPDK, que mientras duren esas conversaciones no experimentará con misiles, en moratoria limitada.

El yanqui quedó completamente en offside, porque el día anterior había denunciado a Norcorea por el supuesto uso de armas químicas en el asesinato del medio hermano del líder norcoreano. Esa mentira y provocación era parte del libreto original del imperio. Ahora tendrá que revisarlo.

La Casa Blanca admitió la reunión, pero insistió que “en tanto, todas las sanciones y la máxima presión continuarán”. La explicación de Trump y el gobierno de Seúl fue que Kim pidió negociar bajo los efectos de las sanciones. Falso. El pueblo coreano, como también el cubano, soporta desde hace muchos años un bloqueo feroz. La jugada de Kim no fue porque no pudieran vender carbón, textiles y plomo, o porque les limitaran la provisión de combustibles, en ocho series de sanciones de la ONU. Esas cosas provocan muchas carencias, pero los norcoreanos están preparados para resistir mucho tiempo más. Si han abierto esta puerta a la paz es porque se sienten capaces de ganar también en la mesa de negociación, haciendo las concesiones que sean necesarias.

El líder norcoreano tuvo la iniciativa de paz. Trump tendrá que ir en mayo a la cita con propuestas sensatas de paz, y no con el centímetro para medir quién tiene el botón nuclear más largo…

 

EMILIO MARÍN
FUENTE: LA ARENA

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