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El Grupo de Lima ante la Dignidad Bolivariana

La Cumbre de las Américas creada por iniciativa del presidente norteamericano Bill Clinton en 1994, no es otra cosa que otro intento del imperialismo para controlar e implementar sus políticas económicas en la región. En aquel momento, la idea de Clinton era imponer el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas) a todos los países americanos. Sin embargo, esto no pudo ser, ante la embestida de algunos presidentes latinoamericanos y la lucha de los pueblos en defensa de su dignidad e intereses concretos.

Así, la IV Cumbre en 2005 celebrada en Mar del Plata representó el final de dicho proyecto imperialista, cuando el presidente venezolano Hugo Chávez en un masivo acto en el estadio de dicha ciudad argentina con su famosa frase “ALCA al carajo” decretó su muerte. No fue sólo un golpe a la pretensión norteamericana, sino también a todos los demás vasallos de EE UU, pues quedó claro en el documento final la falta de acuerdo entre los presidentes sobre este tema. A partir de esta victoria popular y antiimperialista, los presidentes latinoamericanos, sobre todo los mentores del ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de América) y la CELAC presionaron y lograron la inclusión de Cuba en abril de 2015 en la VII Cumbre desarrollada en Panamá.

Pero luego del fallecimiento del presidente Chávez, las derrotas electorales y algunos golpes llamados “blandos” en contra de gobiernos progresistas, la manija pasó a manos de los vasallos del imperialismo. Aprovechando esta nueva coyuntura favorable a sus intereses, ahora pretenden agredir al gobierno bolivariano presidido por Nicolás Maduro. Así, el llamado “Grupo de Lima” constituido por 14 países declaró que como en Venezuela se está organizando un fraude electoral, Maduro no podrá asistir a la próxima Cumbre que se desarrollará en Perú el 13 y 14 de abril.

Y a través de estas gimnasias políticas que sólo ellos tienen el secreto, el presidente de Perú advirtió que el presidente Maduro no podrá asistir por haber roto los mecanismos democráticos y pretender perpetuarse en el poder mediante unas elecciones decretadas por la Asamblea Nacional Constituyente considerada “ilegal” por los de Lima. Es un cinismo increíble, pues ellos saben muy bien que Venezuela desde el surgimiento de Chávez ha demostrado a través de múltiples elecciones consideradas ejemplares por observadores internacionales que ahí no hay fraude. Así, con esos argumentos sin fundamento alguno, sino dictados por los yanquis a través de su canciller Rex Tillerson en su reciente visita a cinco países de la región, el presidente peruano retiró la invitación que había cursado a Maduro. Tiene razón, entonces, Carmen Luisa Velásquez, la representante venezolana ante la OEA (Organización de los Estados Americanos), cuando declaró: “Esos países se atribuyen una autoridad que nadie les ha otorgado para pretender desconocer nuestras instituciones”. Hasta llegó a referirse al grupo como “Cartel de Lima”.

Queda claro que se trata de una injerencia inaceptable en los asuntos internos de un país soberano, y que se enmarca en la estrategia imperialista y de la oposición venezolana que pretenden derrocar al presidente Maduro luego de desatar una guerra económica, manifestaciones violentas y caos en el país. Pero, Maduro pudo mantenerse firme, y los sectores populares más conscientes de Venezuela lo respaldan.

La paz volvió a Venezuela luego de la elección y la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente. El país marcha hacia la resolución de sus problemas y el Grupo de Lima atado al carro imperialista fracasará en su intento por golpear al presidente Maduro.

Aquél cuenta no sólo con el apoyo del pueblo bolivariano, sino también de todos los verdaderos patriotas latinoamericanos. Los comicios para elegir presidente fijados ahora para mayo próximo así lo demostrarán. Maduro va para su reelección, mientras la oposición, sobre todo la agrupada en la denominada MUD (Mesa de Unidad Democrática), hasta ahora dividida, está vacilando, y sin dignidad alguna juega su suerte al apoyo yanqui y el “Cartel de Lima”, con Mauricio Macri por supuesto apostando todas sus fichas a esta campaña imperial.

 

HENRY BOIROLIN

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