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Carta del preso político Fernando Esteche

Cárcel de Marcos Paz, mayo de 2018

 

¿QUÉ ES LO QUE ESTÁN HACIENDO CONMIGO?

No puedo reclamar que alguien me explique con racionalidad lo que hacen porque se de antemano que no hay nada razonable en esto. Por orden del juez Bonadío estoy en prisión. Bonadío fue el juez que fue denunciado-acusado por Nisman a causa de las amenazas que el fiscal había recibido. Bonadío era el segundo de Corach cuando se produjo el atentado terrorista de AMIA y su encubrimiento. Bonadío descargó certeros disparos contra la cabeza de unos chicos que se escapaban luego de robarle el pasacasete del auto, en una nación que no acepta la pena de muerte. Bonadío finalmente reabre la denuncia de Nisman, que ya había sido desestimada en dos instancias, a expensas de una grabación ilegal de una conversación telefónica del ex canciller Héctor Timerman.

Bonadío decidió procesar a casi una veintena de ex funcionarios del gobierno anterior y a mí. Decidió la prisión preventiva de Cristina Fernández de Kirchner, del convaleciente Héctor Timerman y de los tres más fáciles, que no eran funcionarios. Carlos Zannini, sin estar siquiera imputado, también fue detenido y procesado sorpresivamente, como si tuvieran que cumplir alguna cuota. ¡El único detenido en esa causa hoy, soy yo!

Se me acusa de ser parte de una diplomacia paralela supuestamente articulada con el objetivo de encubrir a perseguidos por la justicia argentina. Las querellas que impulsaron esta causa ante Bonadío son las direcciones actuales de la AMIA y la DAIA. Esas mismas querellas actúan también en el juicio oral del verdadero encubrimiento contra Menem, Corach, Anzorreguy, Beraja (ex presidente de la DAIA), los fiscales Mullen y Barbaccia. En ese juicio las querellas pidieron absoluciones y penas mínimas, en un encubrimiento en el que todos vimos por TV a un juez pagándole dinero de la SIDE a un procesado para que declare lo que ellos dictaban. Esos sinvergüenzas no pasaron ni pasarán ni un solo día en una celda.

En esta causa lo que se juzga es el Memorándum de entendimiento con Irán. Ciento setenta diputados y senadores son los que votaron a favor del mismo. Sin embargo, nunca se puso en vigencia. Ninguna de las elucubraciones hechas en la denuncia de Nisman se concretaron. No creció el intercambio comercial. No se traficó uranio. No se cayeron las alertas de Interpol. Ronald Noble, ha manifestado una y otra vez que el gobierno anterior no hizo ninguna gestión en ese sentido sino todo lo contrario.

Una política de Estado no es judicializable. Si lo fuera, en este caso sería en grado de tentativa, cuyas penas, de acuerdo a las singulares imputaciones del juez, serían de ejecución condicional.

Me presenté a declarar cuando se me requirió. Declaré ante el secretario del juzgado y el fiscal Taiano. Afirmé que nada tengo que ver con semejantes imputaciones. De hecho, mientras se llevaban a cabo las conversaciones diplomáticas yo estaba preso.

Los únicos elementos de prueba son las incontables horas de escuchas telefónicas al teléfono de Jorge Jalil. Jalil y Luis D’Elía celebran que se haya concretado dicha política entre Argentina y la República de Irán, con la que están de acuerdo. Allí se me menciona como autor-escriba del Memorándum. Jalil declaró que dicha mención es mendaz y sólo lo hizo al efecto de provocar “celos” ante quien se ufanaba de hacer gestiones y conversar con el gobierno. Tanto Jalil como D’Elía pueden confirmar que nada tuve que ver con sus conversaciones telefónicas y con gestiones que pudieran haber hecho ante uno u otro gobierno.

Sin embargo, con cerca de una veintena de procesados el único preso en esta causa soy yo. El argumento por el cual se me mantiene detenido sin juicio ni condena es el peligro de fuga y una condena anterior, ya cumplida, durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Se unificaron en una pena única las acusaciones por los vidrios rotos de un local partidario de Sobisch, luego que éste mandara a fusilar maestros, y por los incidentes producidos durante una manifestación contra el FMI. Son condenas políticas y el Código Penal es claro al respecto de que no hay reincidencia cuando las condenas son de carácter político (título VIII, art. 50, párrafo 3).

¿Peligro de fuga para alguien que siempre enfrentó los requerimientos judiciales? Es curioso. Entré por mis propios medios a cumplir la anterior cárcel. No me fugué. Yo no me escapo.

Si esta causa no tuviera personas detenidas su tramitación podría naufragar. Habiendo un detenido, aunque no tenga yo ni de lejos la importancia política de todos los procesados, la Política se asegura el manejo discrecional de las fechas de juicio.

Hoy, al borde de la carestía, con retracción económica, despidos, baja de salarios, se secuestra la República, se violan los procedimientos, se acotan las libertades. Hay peligros en ciernes verdaderamente graves y pareciera ser que no los vemos.

Este caso que aquí expuse se trata de mí. Pero principalmente se trata de NOSOTROS, de las mujeres y los hombres de nuestro pueblo. Se trata de los dolores que nos imprimen con ese revanchismo oligárquico desembozado y cuyo objetivo fundamental es desalentar a nuestro pueblo, maniatarlo, domesticarlo. Se trata de quitarle las esperanzas, denigrar a sus líderes. Someternos.

Después de cada noche viene el amanecer, eso es de un fatalismo irreprochable. Pasó en la década infame, pasó la proscripción, pasó la dictadura, terminó el menemismo; todo tiene su límite y esta banda de evasores, blanqueadores y explotadores va a tener también su final.

PROFESOR DR. FERNANDO ESTECHE

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