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Siria e Irán bajo amenaza de Trump y Netanyahu

 

Desde que el capitalismo se transformó en sistema hegemónico a nivel mundial, sobre todo desde el desplome del llamado socialismo real en la ex URSS y los países del este europeo a fines del siglo pasado, el mundo se encuentra más inestable que nunca.

Así lo confirman las numerosas guerras desatadas en distintas partes del planeta. De hecho, la militarización del denominado “nuevo orden mundial” -tan imprescindible para mantener el control sobre las riquezas y el pillaje de las mismas como así también la explotación de los pueblos periféricos fundamentalmente por parte del imperialismo norteamericano y sus principales socios europeos- hizo desaparecer rápidamente todas las promesas de paz que habían hecho luego del fin de la Guerra Fría.

Y esta situación tan preocupante a escala mundial, se vuelve aún más crítica cuando en la Casa Blanca está como presidente un neofascista como Donald Trump. Cada decisión política adoptada por el actual presidente norteamericano es un paso hacia el abismo. En este contexto habría que aprehender su última decisión de salir de los acuerdos firmados en 2015 con Irán con la participación- además de los EE.UU. e Irán- de Rusia, China y la Comunidad Económica Europea.

Ahora, cabe señalar que no hay indicios serios para acusar a Irán de no haber respetado lo firmado. Inclusive, los socios europeos de Trump intentaron en vano convencerlo de no adoptar tal decisión. Pues son conscientes que Irán entregó el uranio enriquecido que tenía de más a Rusia y cambió el reactor de agua pesada de Arak. Hay más: todas las inspecciones confirman que este país no enriquece uranio más allá de los porcentajes necesarios para fines comerciales y medicinales. Todo esto pudo ser verificado in situ, ya que Irán abrió -y abre- sus instalaciones para las inspecciones de la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA), como confirmó su titular, el japonés Yukiya Amano.

Por supuesto, y más allá de todas esas evidencias y pruebas concluyentes, el único que se posicionó al lado de Trump fue el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. Es que los dos, no contentos de no haber podido derrocar al presidente sirio Bashar Al-Assad, decidieron inventar todas las mentiras propias de mentes enfermas para acusar a Irán de proseguir con su programa nuclear para fabricar armas. Así, entonces, Israel atacó a las fuerzas iraníes en Siria en abril y el 8 de mayo de este año, con 7 muertos, y lo volvió a hacer a una escala mayor en los últimos días, con otros 23 muertos.

Esto es un claro sabotaje en contra de la paz en una región tan convulsionada tal como lo es el Medio Oriente y, al mismo tiempo, la creación de un clima de guerra. Y los dos países que se encuentran en el ojo de la tormenta que pretenden desatar esos asesinos seriales, son Siria e Irán, además del Líbano y el sufrido pueblo palestino atormentado y baleado criminalmente en estos meses por militares del sionista estado de Israel.

Sin embargo, todo indica que no les va a ser fácil. En efecto, el presidente sirio apoyado por buena parte de su pueblo y con la ayuda militar de Rusia e Irán, ha prácticamente ganado la guerra en lo interno a los grupos terroristas del ISIS-Daesh y Al Nusra.

Por otra parte, Irán ya anunció públicamente que se defenderá sin dejar de lado opción alguna, incluida la bélica, para salvaguardar su integridad y soberanía. Ante tal situación, nadie que defiende realmente la paz y la justicia puede quedar indiferente. Hoy más que nunca, un Frente Antiimperialista y por la Paz mundial resulta ser la única alternativa válida para defender la vida sobre la Tierra.

                                                                          HENRY BOISROLIN

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