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¿Esperar a las elecciones o derrotar antes a Macri?

La mayoría del pueblo está sufriendo en carne propia la brutalidad del ajuste monopolista y fondomonetarista de Mauricio Macri. En ese amplio sector, de clases y capas sociales afectadas, hay coincidencia que su gobierno es de los ricos, por los ricos y para los ricos. Fidel Castro nos enseñó a los revolucionarios de todo el mundo que esa clase de “democracia” se llama plutocracia, el gobierno de los ricos.

La mayor conciencia sobre la naturaleza opresora del gobierno macrista se refleja en la gran cantidad de luchas de resistencia, sobre todo de la clase obrera, pero también de desocupados, jubilados, pueblos originarios, Pymes, etc.

Es una marea humana indignada. CEPA en su último informe sobre la conflictividad, el 11 de junio, resaltó: “en conjunto, los hechos de conflictividad social y laboral sumaron 3.974 durante todo el 2017. En promedio, representaron 331 protestas mensuales y 11 protestas por día en todo el territorio”.

Esos números deben servir como vacuna contra el derrotismo y el pesimismo, enfermedades que el macrismo trata de inocular en el pueblo. Cuando no lo logra, apela a la represión policial y de Gendarmería, y ya bosqueja cómo hacer intervenir a las Fuerzas Armadas en la represión del conflicto social.

Los puntos básicos que unen a un entretejido diverso del arco político y social son: qué clase de gobierno es el de Macri y cómo aumentan las protestas a nivel país.

A partir de allí vienen las diferencias políticas, básicamente entre dos posturas, más un campo intermedio que oscila entre ambas e irá decantando para una u otra.

La oposición gran burguesa, sobre todo la mayoría del Partido Justicialista, el grueso de sus gobernadores y bloques parlamentarios, el massismo, y una parte importante del kirchnerismo (ex Frente para la Victoria, Unidad Ciudadana) y sus aliados, apuestan todas sus fichas a la salida electoral. Los une el deseo de librarse de Macri por la vía del voto. Su consigna es “Hay 2019”. Hay mucha dispersión en sus filas, no sólo por la disputa por la dirección de ese movimiento sino también por las futuras candidaturas, pero casi todos ellos convergen en la idea de armar una lista de unidad y de lo contrario dirimir en las PASO cómo se ordenan las candidaturas, como lo plantea el presidente del PJ, Jorge Luis Gioja.

Con ese punto de vista realizaron el congreso del PJ en el miniestadio de Ferro, que tuvo de positivo desafiar la intervención de Macri y la jueza Servini de Cubría, quienes colocaron al delincuente mayor Luis Barrionuevo como interventor.

De todos modos, la unidad de todos los peronistas es por ahora utópica, pues sólo 3 gobernadores asistieron. El resto boicoteó el congreso, igual que la mayoría de los senadores y diputados. Sergio Massa tampoco asistió con su Frente Renovador. Y del kirchnerismo, si bien el grueso de sus líderes estuvo y obtuvo puestos en la Comisión Política (Wado de Pedro y Cuervo Larroque), su figura principal, CFK, no apareció. ¿No quiere? ¿No la quieren? ¿Si ella va una parte se baja?

Eso deja dos grandes posibilidades a ese partido: o hacen la utopía de Gioja (todos unidos) o se dividen en dos frentes: uno con el kirchnerismo y Cristina adentro y otro sin ellos, bajo la batuta de Pichetto, Massa, Schiaretti y Urtubey, incluso el ladrón Barrionuevo.

 

EL ARGENTINAZO

Vayan juntos o separado, casi todo ese espectro, por ahora con excepciones valiosas, quiere dirimir sus diferencias con el PRO-Cambiemos en 2019.

En cambio, muchos sectores luchadores, que vienen peleando contra el ajuste macrista, sienten que no pueden aguardar hasta ese momento. Lo ven, con toda razón, como el largo plazo. Y como dijo el economista John M. Keynes, “en el largo plazo estaremos todos muertos”.

Para las elecciones falta un año y cuatro meses, y para la asunción de un nuevo presidente, un año y seis meses. En ese lapso se van a cerrar más fábricas, despedir a centenares de miles de trabajadores, morir de hambre y frío muchos niños desprotegidos y ancianos desechados como basura por el capitalismo dependiente. Serán hechos trizas muchos convenios laborales, achicadas las partidas de educación, morirán mujeres por falta de atención en los hospitales y muchas protestas serán reprimidas con presos, heridos y muertos como Maldonado y Nahuel. La “Patria está en Peligro”, proclamó una multitud el 25 de mayo, y se parecerá a una neocolonia, encadenada al FMI.

Por eso el PL se ubica junto a los luchadores y pueblo que no quieren aguantarlo más a Macri. No es cuestión de paciencia o impaciencia, sino de supervivencia. Derrotarlo cuanto antes es un asunto de vida o muerte. Él traicionó sus promesas de campaña (léase la pobreza cero) y mal nos puede enrostrar que deseemos que se vaya. El violó su palabra y nosotros mantenemos la nuestra, de pelear por un país justo e independiente, con un pueblo feliz.

Y que nadie diga que promover puebladas sería “golpismo”. ¿Se olvidaron que el 19 y 20 de diciembre de 2001 el Argentinazo echó a De la Rúa, también votado dos años antes, como Macri? Es la prueba de la historia reciente sobre qué tiene que hacer el pueblo cuando su destino está en peligro mortal. Si no se logra el Argentinazo y en 2019 hay comicios, se verá entonces qué es lo mejor. Hoy lo mejor es centrarse en luchar.

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