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Al morir De la Sota, ¿se convirtió en santo?

José Manuel de la Sota, tres veces gobernador de Córdoba y uno de los principales dirigentes nacionales del peronismo de derecha, falleció el 15 de septiembre en un accidente de auto cuando manejaba por la ruta 36 y colisionó contra un camión. La autovía que une la Cuidad de Rio Cuarto y Córdoba Capital, que fuera su obsesión, fue el lugar en donde encontró su muerte.

Comenzó su carrera política en la juventud peronista en los años ‘70. En 1973 llegó a su primer cargo en la función pública luego del Navarrazo, cuando fue nombrado por el intendente José Domingo Coronel como secretario de Gobierno de la ciudad. Poco después Córdoba sufría el golpe del Navarrazo y las intervenciones, con las que congenió De la Sota. En sus primeros años de militancia, formó parte de Guardia de Hierro, la agrupación de la ortodoxia peronista. Cuando se produjo el golpe militar de 1976, estuvo detenido seis meses en la UP 1 de San Martín.

Con el regreso de la democracia, en 1983, pierde su primera elección contra el radical Ramón Mestre (padre). En 1985 gana una banca como diputado.

Durante la elección constituyente cordobesa, en 1986, compitió por la Democracia Cristiana, saliendo en segundo lugar y posicionándose como dirigente con proyección nacional. A los 36 años, fue candidato a vicepresidente de Antonio Cafiero en la interna contra Carlos Menem. Luego de la derrota, recompone lazos con el menemismo, que lo nombrará embajador en Brasil. Allí cultivó amistad con los publicistas Duda Mendonça y Joao Santana, quienes elaborarían después su exitosa campaña, y también con Odebrecht.

Se adecuó y mejoró sus vínculos con el establishment empresarial y la Fundación Mediterránea, poniendo a Domingo Cavallo como candidato extrapartidario a diputado nacional en las legislativas de 1987.

Después de dos intentos fallidos, llegó al poder provincial en 1999, luego de ser cuatro años senador nacional. Con el kirchnerismo mantuvo una relación distante y conflictiva, generándose una ruptura durante la crisis con la Suciedad Rural en 2008. En 2011, luego de un período vuelve a la gobernación, haciendo algunos acuerdos de mutuo beneficio con el kirchnerismo. En 2015, antiK de nuevo, compite en las PASO con Sergio Massa, que lo derrota en la alianza UNA.

El presente lo encontraba articulando la unidad del peronismo nacional, incluso con los K, para disputar con Macri en 2019.

Al parecer la muerte borra todos los pecados y sus restos fueron velados a cajón cerrado y envuelto en banderas de Córdoba y Argentina, en una ceremonia que se prolongó durante el 16 y 17 de septiembre en el centro cívico de la cuidad, por donde pasó gran parte del arco político de Córdoba y nacional. Así lloraron la partida del “último gran caudillo del interior”, como titulaban los medios que siempre le fueron afines.

Olvidados están el fallido plan Hogar Clase Media, los millones en bonos traídos desde Chile, el vínculo con Odebrecht y el inicial apoyo a la candidatura a presidente de Macri.

Defendió la teoría de los dos demonios llevada adelante contra de los Derechos Humanos impulsados por el kirchnerismo. En 2004 le reprochó a Hebe de Bonafini que “las Madres deberían haber cuidado más a sus hijos”.

El 24 de marzo de 2007 se ausentó del acto en que el ex centro clandestino de detención La Perla era convertido en espacio de la memoria.

En 2012, en una conferencia en la Universidad Austral dijo “en mi juventud fui apasionado y revolucionario, pero seguí los lineamientos de Perón, a diferencia de otros que se enamoraron de las armas y de la violencia y llevaron a miles de jóvenes idealistas a la muerte; sin embargo, siguen libres y algunos de ellos están en el gobierno o son asesores”.

Fiel a su perfil conservador, durante sus 2 últimos gobiernos tuvo una política represiva basada en los modelos de “tolerancia cero” del Manhattan Institute. El saldo fue una escalada en el asesinato de pibes de las barriadas humildes por el “gatillo fácil”, más el motín policial.

Para los militantes del PL murió un representante de la Córdoba conservadora, burguesa y empresarial; no tenemos lágrimas por derramar.

 

PABLO AGUIRRE

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