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Ruptura con el FMI y no pago de la deuda, el primer paso

Argentina está entrando en la campaña electoral, si bien las PASO serán en agosto y las presidenciales y nacionales el 27 de octubre. Pero la cuestión electoral se adelantó bastante tiempo, en parte porque varios gobernadores, oficialistas y opositores, quisieron sacar ventajas con el adelantamiento de comicios en sus distritos, despegándolos de los nacionales. La interna de Cambiemos en La Pampa, la elección a gobernador en Neuquén y ahora en Río Negro, apresuraron el debate nacional.

La otra razón por la que lo electoral fue copando el escenario antes de tiempo, fue la grosera desviación electoralista de casi todos los partidos.

El PRO y aliados de Cambiemos fogonearon el tema para desviar la atención sobre los graves padecimientos populares que provoca su ajuste fondomonetarista. Era mejor usar a los medios monopólicos para ventilar las causas contra la ex presidenta, ponerla como su adversaria y de paso esmerilarla de cara a octubre.

La oposición, incluido el kirchnerismo, hicieron electoralismo porque decidieron no intentar, ni siquiera intentarlo, derrotar a Macri antes que culminara su mandato. No quisieron apostar a las luchas de clases y luchas de calles por temor a que se los acusara de ser el “club del helicóptero”. Ya en agosto de 2017 la ex presidenta pidió a las organizaciones de desocupados y la CTEP que no movilizaran en San Cayetano sino que se quedaran en esa iglesia. Desde esas PASO y legislativas nacionales de 2017 hasta hoy el kirchnerismo se quedó en modo avión, en modo electoral.

El resto del peronismo, corrido a la derecha y el centro derecha, también coincidió en no movilizar. La única diferencia, importante, es que este peronismo derechoso, de “Argentina Federal”, en vez de cuestionar a Macri refritó “la teoría de los dos demonios”: tan nefasto sería Macri como Cristina.

El Partido de la Liberación (PL) durante 2017 y 2018, en cambio, planteó la necesidad de las luchas obreras y populares. Quería que se elevaran hasta la altura de un Argentinazo y sacaran a Macri del gobierno, tal cual ocurrió con De la Rúa en diciembre de 2001. Dijo que lo central era resistir combativamente en las calles al ajuste fondomonetarista, la represión, la corrupción y la entrega del país.

POR UN GOBIERNO POPULAR

Hasta ahora el Argentinazo no fue posible. Aunque todavía no está todo dicho, en principio, a mediados de marzo, parece que el país se encamina hacia las elecciones, aún en medio de un brutal ajuste, pérdida de empleos y extraordinarias ganancias del capital financiero local e internacional.

No es que ese rumbo semicolonial de Argentina no cause protestas. Vaya si hay marchas, cortes de calles, asambleas y paros de los trabajadores, como las habrá el 24 de marzo con convocatoria del movimiento de Derechos Humanos y las hubo el 8 por parte de las mujeres del “Ni una menos”.

Hay una variedad y cantidad de protestas populares, que han causado a Mauricio Macri una notable pérdida de apoyo y previsiblemente de votos. Que quede claro que el movimiento popular no fue derrotado ni se vive un período de reflujo de las luchas. Había y hay base social y política para el Argentinazo, pero el mismo no se concretó.

Entonces el PL actualiza su política y táctica, dejando la consigna del Argentinazo para la agitación y propaganda, pero centrando en una propuesta electoral como lo más inmediato y posible, junto con la continuidad de las luchas actuales. Si se pudre todo, por megadevaluación y default, volveremos a nuestra consigna del cuatrienio.

Las elecciones a Macri se las puede ganar cualquiera. Las encuestas dicen que el actual presidente perdería ante Cristina, Lavagna, Massa y Urtubey; incluso podría ganarle Marcelo Tinelli, si el empresario nada progresista compitiera con ayuda de esos tres peronistas de derecha.

Ganarle a Macri no es tanto el problema. La cuestión es formar un frente político-electoral capaz de llegar al gobierno y tomar medidas para salir de la crisis provocada desde 2015.

Un frente no se forma tirando nombres de candidatos que compitan con sus egos, marketing y medios amigos. Requiere en primer lugar discutir un programa de acción de gobierno, para salir de la crisis del capitalismo dependiente. En segundo lugar, unir a fuerzas populares, que pueden tener diferencias, pero acuerdan en lo esencial, no sumando a sectores ligados a los monopolios y banqueros. En tercer lugar, hay que seleccionar los candidatos con métodos democráticos, asambleas y primarias, no con el dedo del jefe o la jefa. Y en cuarto lugar hay que poner adelante a los hombres y mujeres que han demostrado trayectoria militante y buenas ideas, no un día o dos, sino en forma consecuente.

El primer punto del programa debe ser la ruptura con el FMI, que ha sido y es instrumento del imperialismo yanqui para endeudar y dominar el país, al que ha recolonizado y ajustado en forma criminal junto a Macri. Y dejar de pagar la deuda externa de 400.000 millones de dólares; hacer una auditoría nacional e internacional que separe la deuda legítima de la ilegítima, para renegociar una quita importante de la primera y una postergación de los pagos.

Sólo así se tendrán fondos para medidas y obras que saquen de la pobreza a más del 30 por ciento del pueblo, comenzando eso sin demoras el 10 de diciembre de 2019.

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