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Alberto es mejor que Macri, pero sin soluciones a la crisis

Me refiero a Alberto Fernández y no a Cristina porque para las PASO y ahora para los comicios de octubre lo muestra es aquél quien tiene claramente la manija. Cristina está en un papel secundario, en la forma de presentación de su libro “Sinceramente”, en ciudades que se eligen cuidadosamente, por ejemplo esquivando Córdoba.

AF ha expuesto una serie de propuestas nacionales y de política internacional que implican algunos paliativos respecto al desastre macrista.

Por ejemplo, se negó a avalar las medidas de Macri camino al default como el “reperfilamiento de la deuda”; además de criticar al presidente marcó la complicidad que tuvo y tiene el FMI en el ajuste y endeudamiento espantoso.

También se comprometió a mejorar los salarios y las jubilaciones, respecto a las últimas habló de un 20 por ciento y de entregar en forma gratuita los medicamentos. Eso sería un alivio a la situación que hoy padece uno de los sectores más vulnerables. Otra mejoría será su promesa de desdolarizar las tarifas de los carísimos servicios públicos, esos que Macri dolarizó en favor de sus amigos Midlin, Caputo, Aranguren, etc.

El “pacto social responsable” del que hablaron Alberto y Cristina sería en principio más beneficioso para los sectores del trabajo que las políticas de favorecimiento unilateral del gobierno de Cambiemos para los pulpos monopólicos, la especulación financiera, las energéticas y exportadores. De todos modos la historia del peronismo ha mostrado cuán efímeras y parciales son esas mejorías derivadas de pactos sociales, con grandes empresarios de un lado y burócratas por el otro, que por lo general arreglan bajo la mesa, y un Estado que no es “neutral” sino alineado con esos otros dos jugadores. En esos casos sólo la movilización obrera y popular puede abrir otras soluciones, como se intentó en junio de 1975 con las movilizaciones obreras luego de fracasar el Pacto Social de Perón-Gelbard-Rucci de dos años antes.

SEIS TEMAS PENDIENTES

Es casi seguro que el nuevo gobierno será del Frente de Todos, elecciones de por medio. Eso es lo bueno, por lo recién señalado.

Sin embargo, el Partido de la Liberación sin aguardar a que eso sea una realidad, advierte al pueblo que de ese modo automático no llegarán soluciones de fondo a los grandes problemas de esta herencia maldita, por limitaciones de clase y políticas de los Fernández. Debe mediar una extraordinaria movilización popular democrática y antiimperialista.

En primer lugar, está el tema de la deuda. En España AF reiteró que “vamos a honrar y pagar la deuda como hicimos siempre”. Sólo en ese marco de honorable pagador hizo la advertencia que no le pidan que pague más con privaciones a la gente. O sea, pagará más al FMI y demás acreedores, con un límite para que la crisis social no le estalle en la cara.

En segundo lugar, no piensa afectar la renta de los inversores y exportadores, toda vez que dijo que el dólar a 60 está bien y tranquilizó a la Mesa de Enlace sojera con que no habrá aumento de retenciones como en 2008. Su círculo íntimo K y massista maltrató a Juan Grabois por haber propuesto una reforma agraria y un límite de 5.000 hectáreas a los latifundios.

En tercer término, no dará lugar para nacionalizar la energía como un derecho humano ni afectar a Shell, Pampa Energía, Tecpetrol ni Central Costanera. Tampoco a Mercado Libre de Marcos Galperín ni a los pulpos nucleados en la UIA, AEA, Idea y otras centrales monopolistas. En esto no hay distinción de nacionalidades, como se vio en su gira por España, a cuyos empresarios alentó a nuevas inversiones dando vuelta la página a los conflictos de la “década ganada” con Repsol, Telefónica, Marsans, etc.

En cuarto puesto, AF ha reanudado su excelente vínculo con Clarín, de cuya parte estuvo en el conflicto del gobierno de Cristina por la ley de medios. “La comunicación es un negocio”, piensa el presidenciable, de buena sintonía con Héctor Magnetto. El PL reclama junto a gremios, periodistas, medios comunitarios y universidades una nueva ley de comunicaciones y digitales, que asegure pluralismo y ponga límites al monopolio.

En quinto término, Fernández no reclama la libertad de los presos políticos. “Si tienen causa no son presos políticos”, le dijo al forro de Luis Majul. En España habló de Lula y de Correa, lo que nos parece muy bien, pero no a costa de dejar presos a Milagro Sala, Fernando Esteche, Jones Huala, Amado Boudou, Julio de Vido, las mujeres tupaqueras, Daniel Ruiz y otros compañeros. Ligado a este asunto, el presidenciable ha declarado que no piensa remover jueces ni en democratizar el Poder Judicial.

El sexto asunto es que AF quiere juntarse con Uruguay y México, pero toma distancia de Venezuela, Bolivia y Cuba, la izquierda latinoamericana. Y no quiere pelearse con Donald Trump sino lograr una “relación madura” con EE UU. Es un grave error político. Debemos unirnos con los gobiernos antiimperialistas de la región y con China, Rusia, Irán y el Movimiento de Países No Alineados, para defender a nuestro país y aspirar a un mundo mejor, que es posible. Meterse en alianzas con Trump, por más que se pida respeto mutuo, es buscar la cuadratura del círculo. No existe.

Votamos al Frente de Todos para derrotar a Macri y la derecha, pero no somos albertistas sino antiimperialistas.  

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