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Al margen de las elecciones, las luchas continúan

Mientras la campaña electoral ocupa la mayor parte de la agenda política, los conflictos gremiales y sociales siguen su curso, al revés de lo que pasa en el Congreso Nacional, que se encuentra paralizado.

La perspectiva es que las luchas sigan profundizándose, al ritmo de la crisis económica que golpea duro a los sectores populares. Es lamentable que Alberto Fernández, siga manifestando su oposición a la movilización popular, con el argumento de que hay que “esperar” hasta las elecciones, y luego, hasta la asunción del nuevo gobierno.

El hambre y la pobreza afectan a más de 15 millones de compatriotas, el desempleo es cada vez mayor, los salarios pierden poder adquisitivo frente a una galopante inflación, los tarifazos son impagables, obligando a la gente a cambiar el gas natural por la garrafa, la luz eléctrica se ha convertido en un lujo de millonarios, entre otros muchos males que aquejan a los argentinos. La lógica consecuencia es que los conflictos seguirán en aumento.

La crisis en la provincia de Chubut no ha sido resuelta, y los docentes ya llevan 60 días de paro por los incumplimientos salariales, pues el gobierno de Arcioni les adeuda parte de los salarios de julio y agosto, más la totalidad de setiembre (ver nota aparte).

En Buenos Aires sigue sin resolverse el conflicto de los pilotos de Aerolíneas Argentinas, a pesar que suspendieron las medidas de fuerza.

En Córdoba, Renault paraliza un turno de producción, suspende masivamente y ya se han producido cesantías, a pesar del acuerdo con el SMATA de asegurar los puestos de trabajo hasta 2020. Además, los trabajadores de Molinos Minetti están nuevamente en pie de lucha por los reiterados incumplimientos salariales de una empresa que les paga con atraso porque pone el dinero en la timba financiera, según los delegados.

En Mercedes, provincia de Buenos Aires, la multinacional Nidera cerró una planta y dejó a 70 trabajadores en la calle. En los barrios y villas, los comedores no dan abasto para alimentar a cada vez más chicos y grandes: para muchos es la única comida del día. La enorme movilización de los movimientos sociales, que forzó la aprobación de la Emergencia Alimentaria, es un reflejo de esa realidad que no sale en los diarios ni en la televisión, sino de manera ocasional.

No sólo la dirigencia política se resiste a propiciar la movilización, también los dirigentes sindicales, que deberían estar ocupados en resolver los problemas de sus bases, hoy están totalmente alejados de esas necesidades. Lejos quedaron los cinco paros generales de la CGT contra el gobierno de Cristina en contra del impuesto a las ganancias sobre los salarios de los trabajadores. Hoy en cambio, no es capaz de convocar a una marcha en defensa del salario o del empleo.

Si el movimiento obrero no sale a las calles para sostener las conquistas y recuperar lo perdido en los nefastos años del macrismo, quienes se moverán para no perder sus ganancias serán los grandes empresarios, cuya principal preocupación es la reforma laboral y la baja de impuestos. Los trabajadores tienen hoy necesidades más acuciantes: trabajo, salarios dignos, control de precios para que no siga aumentando desenfrenadamente la canasta alimentaria, congelamiento y desdolarización de las tarifas de los servicios públicos, retrotrayéndolas a noviembre de 2017, entre otras medidas que habrá que exigir al nuevo gobierno.

Y para sostener esas demandas, hace falta la movilización popular, ésa que hoy están desestimando tanto Fernández como los dirigentes de la CGT, en los hechos abandonando a su suerte a quienes sí están en las calles.

 El Partido de la Liberación, que votará a la fórmula Fernández-Fernández, apoya las demandas de los sectores que se encuentran luchando a pesar de los dirigentes. A ellos les recordamos las palabras de Perón, cuando decía que había que salir a las calles para defender las conquistas obtenidas “con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes”.

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Irina Santesteban

Irina milita en el Partido de la Liberación desde 1987. Es periodista y abogada, fue Secretaria General de los judiciales de Córdoba entre 2008 y 2014 y actualmente es delegada de su sector. Además, integra el movimiento de mujeres, las Agrupaciones de Base Clasistas (ABC) y forma parte del Comité Central del Partido y del Secretariado Nacional.

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