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La cuestión más urgente de resolver es la deuda externa

Durante años se creyó que plantear la deuda externa como el gran tema político y de supervivencia de Argentina era una exageración de la izquierda y otros sectores patrióticos. Los hechos demuestran que es el asunto principal.

Por supuesto que esa gravísima contradicción no es de simple solución. No se la puede entender ni arreglar con el cantito facilista del “Sí, se puede” que entona el macrismo con una parte de sus adeptos en barrios y ciudades cuidadosamente elegidas.

Mauricio Macri pudo superendeudar el país con la ayuda de su amigo Donald Trump y el voto decisivo de EE UU en el board del Fondo Monetario Internacional. Le dieron el crédito más importante de la historia de la entidad y el grueso de los 57.000 millones llegó para financiación de su campaña reeleccionista.

Subestimó sus dificultades y sobrestimó su poderío, porque nunca leyó a Sun Tzu en eso de conocer perfectamente al ejército propio y el del enemigo, para poder ganar muchas batallas. “¿Quién es Sun Tzu?”, se habrá preguntado el mediocre ingeniero hábil para ganar licitaciones en el marco de la Patria Contratista.

Estuvo en la apertura de la 74° Asamblea General de la ONU y compartió una reunión de su equipo económico con David Lipton y Alejandro Werner, directivos del Fondo, pero no logró conmoverlos para que le giraran los 5.400 millones de dólares del sexto desembolso. Incluso podría demorarse hasta después de una negociación con el nuevo presidente, que todas las encuestas y percepciones, incluso la de Washington, dan por sentado será Alberto Fernández.

GRAVÍSIMO PROBLEMA

El peso de la deuda externa no cesa de crecer. El último informe del Indec, del 27 de septiembre, aseguró que la misma superó en junio los 283.500 millones de dólares y que en un año había crecido 22.000 millones, como resultado del endeudamiento con el FMI.

Esa deuda origina giros y pagos de intereses, así como por utilidades y dividendos de las empresas extranjeras a sus casas matrices, lo que en el segundo trimestre analizado originó un rojo de 5.305 millones de dólares.

Por otro lado, ante la acumulación de vencimientos en el corto plazo que no iban a poder afrontarse, el gobierno los postergó con el “reperfilamiento” de la deuda anunciado por Hernán Lacunza. De ese modo aumentará la deuda por mayores intereses y, sobre todo, pateará esos vencimientos para que los afronte el gobierno próximo. En el año 2020, el primero del cuatrienio de esa administración, habrá que abonar 6.700 millones de dólares más por esos nuevos intereses. Distintos economistas y entidades estiman cuánto es lo que el nuevo gobierno debería pagar de deuda externa, entre capital e intereses entre 2020 y 2023. Los números meten muchísimo miedo: en total 166.053 millones. Esos números provocan tres reflexiones inmediatas.

Una, que esa deuda es incobrable e impagable, para parafrasear a Fidel Castro cuando el drama de la deuda latinoamericana mostró su inicial peor rostro en los años ‘80.

Dos, que la formación de semejante bola de nieve no puede haber sido generada sin complicidad política y financiera de los organismos financieros internacionales y los funcionarios argentinos. Por eso sería aconsejable una investigación penal y eventuales juicios y castigos si se prueban esas ilegalidades.

Y tres, que Argentina no tiene destino si el gobierno venidero acepta esta pesada y muy dudosa hipoteca y se dispone a pagar de buen grado a los acreedores externos.

Entre otros buenos argumentos para someter a estudio las deudas, en particular la contraída con el FMI, está el que se vienen recogiendo pruebas de que la misma pasó por alto trámites legales y administrativos básicos, correspondientes a la firma de esos compromisos. La causa que llevan adelante Pedro Biscay, ex director del Banco Central y miembro del Centro de Estudios para la Integración Financiera (Cinfin), Eduardo “Vasco” Murúa del Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas y Eduardo Codianni, ex funcionario del Central, reveló que ambas partes firmantes del crédito fondomonetarista omitieron pasos legales fundamentales.

MEDIAS TINTAS

Frente a tamaño problema, que condiciona absolutamente el futuro argentino, el candidato del Frente de Todos viene repitiendo que pagará la deuda con el FMI y con el resto de los acreedores, y por el otro pide a éstos que no le reclamen sacrificios extraordinarios.

Esta semana fue a Córdoba a reunirse con centenares de empresarios aglutinados en la cavallista Fundación Mediterránea de Arcor, Roggio, Astori, Minetti y otras grandes empresas creada en 1977 durante la dictadura militar-cívica. En el Holliday Inn, el presidenciable manifestó: “no podemos decirles a los acreedores: ‘esta deuda la tomó la dictadura’. La tomó un Gobierno democrático. Nosotros nunca dijimos que no íbamos a pagar o que iba a haber una quita. Sí les dijimos que para poder pagar, tienen que dejarnos crecer”. Lo aplaudieron de pie.

La otra cosa polémica es la manera como AF piensa juntar los dólares: “vamos a pagar la deuda creciendo y exportando, porque la Argentina no emite dólares. El único camino es exportar”. Si ese es el objetivo central, es obvio que los principales compromisos políticos los tendrá con la UIA y la Mesa de Enlace, con los monopolios que exportan y cobran dólares.

El presidente Macri se va, pero parece que los monopolios, la deuda y el FMI se quedan, como factores económicos hegemónicos.

FUENTE: LA ARENA

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Sergio Ortiz

Sergio empezó a militar en Vanguardia Comunista (actual Partido de la Liberación) en 1968, previo al Cordobazo. Fue dirigente estudiantil en los '70 y desde 1990 es el Secretario General del PL. Es periodista, hincha de River e integra la Coordinación Nacional del Movimiento Argentino de Solidaridad con Cuba (MASCuba).

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