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Guerra comercial y tecnológica entre China y USA

En marzo del año pasado, Donald Trump impuso una serie de aranceles para la importación de productos provenientes de China. Lo decidió como sanción, acusando al gigante asiático de robar propiedad intelectual durante años por tratarse de “una economía dirigida por el Estado”.

Las afirmaciones de Trump se basan en una investigación ordenada por él, la que habría revelado prácticas “injustas” tales como la imitación de marcas famosas o la imposición a las empresas no chinas de ceder derechos de propiedad intelectual a cambio de habilitarles el acceso al mercado interno de la República Popular. La Cámara de Comercio Norteamericana en China también informó que la mitad de las empresas que la integran habían manifestado posiciones similares.

Frente a esas justificaciones, el Ministro de Comercio chino, Zhong Shan, señaló que en 2014 la Organización Mundial de Comercio se había pronunciado contra Estados Unidos por la imposición de aranceles a la importación de paneles solares, productos de acero y aluminio, y otros. A comienzos de noviembre la OMC dictaminó que China podía disponer medidas contra productos estadounidenses por un total de u$d 3.579 millones. La resolución -que aún debe pasar por el Órgano de Solución de Diferencias de la entidad- responde a una presentación elevada en 2013 por el gobierno de Xi Jinping.

USA arrancó anunciando aranceles por u$d 50.000 millones sobre productos chinos; días después, China anunció una medida similar sobre 128 productos estadounidenses, que incluían chatarra de aluminio, aviones, automóviles, productos derivados del cerdo y la soja. Inmediatamente, la Oficina del Representante de Comercio de USA (USTR) informó que se fijarían más aranceles, afectando a Televisores de pantalla plana, dispositivos médicos, armas y otros.

Se desató así una sucesión de suba de aranceles de ambas partes, siempre a partir de la ofensiva norteamericana. Cabe destacar que las medidas de los EE UU han sido unilaterales, sin apelar a la OMC ni a sus mecanismos.

El conflicto tiene repercusiones sobre la economía mundial, ya que entre ambos Estados concentran el 27% del comercio internacional (según la OMC), lo que llevó a que el organismo corrija a la baja las perspectivas para el próximo año.

Uno de los puntos altos del conflicto fue la decisión de Trump de incluir a las empresas Huawei y ZTE en su “lista negra”, restringiendo o prohibiendo la adquisición de productos de las mismas, e imponiendo a las propias empresas estadounidenses restricciones para realizar transacciones con las mismas. Huawei es una firma propiedad de sus 88.000 empleadxs chinxs, mientras que ZTE (o Zhong Xing Telecommunication Equipment Company Limited) es una firma “estatal privada” en la que tiene acciones el Ministerio de Industria Aeroespacial de China. El ataque a estas empresas tiene que ver con su rol de punta en la innovación tecnológica.

Estos hechos dejan en claro dos cosas: el fundamentalismo de la “libertad de comercio” es válida para los yanquis en tanto sus empresas dominen; y el detonante del enfrentamiento es la amenaza china a la supremacía tecnológica estadounidense.

Una mirada a la evolución del comercio exterior chino muestra que su posición en el contexto internacional cambió profundamente en los últimos 40 años: en 1990 sus exportaciones representaban el 1,8% del total mundial, mientras que ya en 2015 llegaban al 14% (contando Hong Kong). Pero no sólo se trató de un crecimiento en las exportaciones, sino en el contenido de ese incremento: en 1980 la mitad de lo que vendía el país asiático eran productos primarios; desde 2004, en cambio, más del 90% consiste en bienes manufacturados. Pero hay otra característica clave: el valor agregado en China a los productos que exporta se ha ido incrementando sostenidamente, así como la porción del mercado mundial ocupado por productos chinos de alta tecnología.

Washington no sólo ha tomado medidas en contra de China; hace unos días -por ejemplo- puso aranceles a productos provenientes de Argentina y Brasil, a quienes Trump acusa… por haber devaluado su moneda; además, lleva décadas bloqueando a Cuba, e igual medida emplea contra Venezuela. Sin embargo, es clave el enfrentamiento con la República Popular que fundó Mao, porque allí están en juego el liderazgo político y la supremacía tecnológica.

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Jorge Ramírez

Jorge trabaja como docente universitario en la UNSa. Actualmente es el Secretario General de la Asociación de Docentes e Investigadores de la Universidad Nacional de Salta (ADIUNSa) y forma parte del Comité Regional del Partido de la Liberación en Salta.

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