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Clarín miente. Hace falta una ley democrática de medios

El monopolio Clarín fue la punta de lanza de la tremenda ofensiva contra el gobierno de Alberto Fernández por parte de la derecha política, mediática y judicial (ver Notas Políticas).

Nunca más vigente que ahora aquella consigna que levantamos desde los sectores populares y democráticos contra el conglomerado más concentrado de medios: “Clarín miente!”. Con sus 237 señales audiovisuales es por lejos quien “impone agenda” al resto de los medios, salvo a la minoría que no sigue sus dictados, como Página 12, El Destape, El Cohete a la Luna, C5N, diarios regionales pequeños como La Arena, etc.

Desde este periódico “Liberación” fuimos parte de los que apoyamos la Ley de Medios de Comunicación Audiovisual 26.522. Desde su aprobación por amplia mayoría en ambas cámaras del Congreso, el grupo Clarín se ocupó de obstaculizar y finalmente logró que no se le aplicara la medida para desapoderarse de señales por encima de las 24 que permitía la norma. Diez veces más que eso tenía y tiene el monopolio, y sin embargo fue beneficiado con medidas cautelares adoptadas por los jueces amigos de todo el país.

Protesta de Medios Comunitarios

Aún así, Alberto Fernández insiste en su errónea posición, ya afirmada durante su campaña electoral, de no impulsar una nueva Ley de Medios. No es que no sea consciente del daño que están infligiendo a su gobierno; en la conferencia de prensa del viernes 8 de mayo dijo: “no mientan más, ya me cansan tantas mentiras”.

Subestimar el poder de las grandes corporaciones mediáticas es un error que puede costarle muy caro al gobierno y también al pueblo. El objetivo de Clarín y los demás medios que le sirven de coro, es atacar por “demagógicas” las medidas de contenido popular que toma AF. El monopolio defiende los intereses de los grandes grupos económicos que hoy no quieren sacrificar un milímetro de sus ganancias, en medio de la crisis económica combinada con la emergencia sanitaria por el COVID 19.

Así sucedió en Brasil, con la campaña contra el gobierno de Dilma Rousseff, y contra Lula Da Silva, para impedir que pueda ser candidato. Se valieron de los buenos oficios del juez Sergio Moro, luego designado ministro de Justicia de Jair Bolsonaro. Así pasó y pasa en Venezuela, aunque Nicolás Maduro enfrenta con el pueblo en la calle las mentiras que desparraman los medios privados, ligados a los intentos golpistas e intervencionistas de la derecha local y de los EE.UU. Así también ocurrió en Bolivia, donde se instaló la idea del “fraude” en las elecciones del 20 de octubre de 2019, para promover el golpe de estado que derrocó al presidente constitucional Evo Morales.

Estos ejemplos tan cercanos deberían servir para que el gobierno del Frente de Todos deje esa tibia actitud de pretender ignorar las campañas en su contra.

Desde el Partido de la Liberación propiciamos que se vuelva a elaborar un proyecto de ley de Comunicación, que incluya no sólo a los medios audiovisuales, sino también a los gráficos y a las redes sociales. Que se anule la medida que permite que las empresas de comunicación accedan al negocio de la telefonía móvil, como lo logró Clarín gracias al gobierno de Mauricio Macri. Que ese proyecto se debata democráticamente con participación de los sectores que tradicionalmente no tienen voz ni presencia hoy en los medios masivos: los trabajadores de la economía popular, las mujeres y diversidades, las asambleas ambientales, los pueblos originarios, etc.

Una propuesta de este tipo pondrá de punta al gobierno con el grupo Clarín y sus amigos del gran empresariado. Éstos están más fuertes que en 2009, porque fueron gobierno durante cuatro años y porque obtuvieron un 40% de votos el año pasado. Sin embargo, la moderación y el discurso “es con todos, todas y todes”, no evita el enfrentamiento con esos sectores, que siguen desacreditando al gobierno para que se someta a sus dictados.

Pensar que por invitar a Magnetto a las reuniones que tiene el presidente con el empresariado evitará los roces con Clarín es de una ingenuidad imperdonable. La realidad lo ha dejado claro. Los peronistas citan al general Perón: “Para hacer una tortilla, hay que romper huevos”. El problema es saber a quién se le van a romper los huevos: si a los sectores populares o a los grandes grupos económicos. AF ha repetido una y otra vez que pretende gobernar para los más humildes y no para los monopolios. Entonces no podrá evitar el enfrentamiento con éstos, y en particular con el grupo Clarín.

Es necesario avanzar, no sólo denunciando al ex presidente Macri y sus funcionarios por los delitos cometidos durante su gestión. También hay que juzgar y condenar a quienes fabricaron (y lo siguen haciendo) noticias y causas judiciales con mentiras, testigos truchos, presiones a los jueces y otras maniobras ilegales de un lawfare que un gobierno, si se dice democrático, no puede tolerar.

Si no se toman medidas firmes contra los monopolios, el gobierno no podrá cumplir con sus votantes, que lo eligieron para que mejore su calidad de vida. Desde que asumió AF y desde que comenzó el aislamiento por el COVID 19, los formadores de precios aumentaron escandalosamente los alimentos y otros productos esenciales, y sin embargo no hubo multas ni sanciones. Los bancos no bajan las tasas de interés ni fomentan los préstamos para ayudar a las pequeñas empresas que han sido afectadas por la crisis. Las empresas de energía siguen cobrando tarifas altísimas, que la gente no puede pagar; tampoco hubo siquiera un apercibimiento para estos verdaderos pulpos que siguen ganando fortunas a costa del sufrimiento de nuestra gente. El gobierno saluda el acuerdo de los burócratas de la CGT con la UIA para rebajar salarios en un 25% y 30%.

A pesar de esta tibieza para enfrentar a los grandes grupos económicos, el gobierno sufre el embate de Clarín, que intenta desgastarlo para poder primero neutralizar cualquier medida que pueda afectar sus intereses, y luego para directamente poder derrotarlo, como hicieron en 2015.

Clarín miente, y para que sus mentiras no sigan desparramando odio y descreimiento, es necesaria la Ley de Medios. Ya! Ahora! Mañana será tarde!

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